Leer Marcos 2:18-22
Este año nuestra familia tuvo el placer de estar en la boda de nuestros buenos amigos Josh y Latrice. La boda fue una fiesta, llena de buena comida entre amigos y familia. La celebración trajo gozo a todos mientras éramos testigos de dos personas intercambiar votos y ser uno en el Señor. No esperaríamos nada menos de una boda porque las bodas son un momento de celebración y no de luto. Esto es exactamente la ilustración que Jesús utiliza cuando responde a la pregunta del ayuno.
Los fariseos eran personas religiosas, conocidos por ayunar dos veces a la semana, aunque el Antiguo Testamento prescribía ayunar en el día de Expiación. Durante el tiempo de Jesús, ayunar era más asociado con la aflicción, luto y llanto (Joel 2:12). Sin embargo, otra vez las personas alrededor de Jesús fallaron en ver que el novio de la boda estaba en frente de ellos. El novio de la boda es Jesús, el hijo encarnado de Dios.
Para los discípulos de Jesús, el novio había llegado a otorgar perdón a pecadores (Marcos 2:17). No estaban en luto, sino en gozo y celebración. Pero el tiempo llegaría cuando el novio sería crucificado en la cruz, derramando su sangre y estableciendo el nuevo pacto (Lucas 22:20). Por lo tanto, la llegada de Jesús trae una nueva realidad que es mayor que las prácticas religiosas de los fariseos. Una nueva realidad ilustrada en los ejemplos del nuevo vino.
Una realidad llena de buenas noticias y gozo. La noticia de que Jesús, nuestro novio, ha venido a salvar a pecadores como nosotros, recibiendo el castigo que nuestro pecado merecía. Y si ponemos nuestra confianza en su obra terminada en la cruz, nosotros estaríamos junto con Él en la celebración de bodas a su regreso (Apocalipsis 19:7-9).