Declaración de Fe

Gracia y Fe existe para proclamar las buenas nuevas de salvación por medio de Jesucristo y para compartir reflexiones y estudios fundamentados en la Palabra de Dios. Las siguientes convicciones resumen la fe bíblica que sostiene el contenido de este sitio.

La Palabra de Dios

La Biblia es la Palabra de Dios, inspirada por el Espíritu Santo y suficiente para enseñarnos todo lo necesario acerca de la salvación y la revelación de quien es nuestro Dios. Las Escrituras son nuestra autoridad final para la fe y la práctica cristiana.

El pecado y la condición humana

Toda la humanidad ha sido afectada por el pecado y que, por naturaleza, estamos separados de Dios, espiritualmente muertos y sin capacidad de reconciliarnos con Él por nuestros propios méritos o esfuerzos. El pecado afecta nuestra mente, voluntad y corazón, y nos hace culpables delante de un Dios santo. Por lo tanto, nuestra única esperanza descansa en la gracia soberana de Dios, quien salva a pecadores que no pueden salvarse a sí mismos. (Romanos 3:10–12, 23; Efesios 2:1–3; Romanos 8:7–8).

La salvación en Jesucristo

La salvación es únicamente por la gracia de Dios, mediante la fe en Jesucristo, y no por obras humanas. Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, vivió una vida perfectamente justa, murió en la cruz cargando con nuestros pecados y sufrió el juicio que nosotros merecíamos. Resucitó corporalmente de entre los muertos, asegurando la justificación y la vida eterna de todos los que confían en Él. Todo aquel que viene verdaderamente a Cristo recibe gratuitamente el perdón de sus pecados por la gracia de Dios. (Isaías 53:4–6; Romanos 3:23–26; Efesios 2:8–9; 1 Corintios 15:3–4).

El Espíritu Santo y el nuevo nacimiento

El nuevo nacimiento es una obra soberana del Espíritu Santo. Debido a que el ser humano está espiritualmente muerto en sus pecados, necesita que Dios le dé un nuevo corazón para arrepentirse y creer verdaderamente en Jesucristo. El Espíritu Santo regenera al pecador, produce fe y arrepentimiento, habita en todo creyente y continúa obrando en él para conformarlo progresivamente a la imagen de Cristo. (Juan 3:3–8; Ezequiel 36:26–27; Tito 3:5; Efesios 2:4–5).

La Iglesia y el bautismo

La Iglesia está formada por todos aquellos que han sido redimidos por Jesucristo y unidos a Él por la fe. Los creyentes son llamados a congregarse en iglesias locales para adorar a Dios, escuchar la predicación de su Palabra, participar de la Cena del Señor, servir unos a otros y proclamar el evangelio. El bautismo es una ordenanza establecida por Cristo para aquellos que han profesado fe en Él y representa públicamente su unión con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección. El bautismo no salva, sino que es una expresión externa de la fe del creyente. (Mateo 28:19–20; Hechos 2:41–42; Romanos 6:3–4; 1 Corintios 11:23–26).

La segunda venida de Cristo

Jesucristo regresará personal, visible y gloriosamente para consumar su reino. En su venida, los muertos resucitarán, toda persona comparecerá ante Dios y Cristo juzgará con perfecta justicia. Los redimidos disfrutarán eternamente de la presencia de Dios, mientras que aquellos que permanecen sin Cristo enfrentarán el juicio eterno. Su regreso es la esperanza de la Iglesia y nos llama a vivir en santidad, fidelidad y obediencia mientras proclamamos el evangelio hasta que Él venga. (Mateo 24:30–31; Hechos 1:11; 1 Tesalonicenses 4:16–17; Apocalipsis 20:11–15; 21:1–4).

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Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios
— Efesios 2:8