Leer Marcos 3:7-12
Este verano, los partidos de la Copa Mundial de la FIFA trajeron a personas de todo el mundo a pequeñas ciudades de Estados Unidos. Pero esto no es nuevo; eventos deportivos estadounidenses como el fútbol americano, el béisbol y el baloncesto atraen a miles de personas cada año en recintos con entradas agotadas. Vienen a ver algo sensacional de su equipo o a su jugador favorito.
Ahora imagina lo que ocurre en el Mar de Galilea durante la época de Jesús. Gente de Galilea, Judea, Jerusalén, Idumea y más allá del Jordán, alrededor de Tiro y Sidón, ha venido tras Jesús. Especialmente los enfermos oyeron hablar de los milagros y buscaban a Jesús para sanidad. Sin embargo, a diferencia de nuestros eventos deportivos modernos, las multitudes no solo querían un asiento en un evento extraordinario. Su deseo de sanación era tan fuerte que querían contacto con Jesús. En su desesperación, se apretaron a su alrededor, llevando a Jesús a preparar un barco para no ser aplastado por la multitud, pero pareciera que ellos solo veían a Jesús como un obrero de milagros y no como alguien con autoridad divina.
Excepto los espíritus inmundos, que cayeron ante Él, reconociendo Su autoridad como el Hijo de Dios. Leemos lo mismo ocurriendo en Marcos 1:24-25, donde un hombre con espíritu inmundo reconoce a Jesús como el Santo de Dios. En ambas ocasiones, Jesús les ordena guardar silencio y no revelar su identidad (Marcos 1:24-25, Marcos 3:11). Por lo tanto, Jesús demuestra Su autoridad sobre los poderes espirituales y tiene el control de cómo revelar Su identidad como Hijo de Dios.
El tiempo en que Jesús revele la misión del Mesías aún no había llegado. En cambio, Jesús reveló Su identidad a través de sus acciones. Probablemente esto se deba a que no quería que la gente lo viera solamente como un sanador que hacía milagros. Más adelante en Marcos, Pedro declararía que Jesús es el Cristo, el Mesías, el Ungido de Dios, comenzando Su misión de sufrimiento hacia la cruz (Marcos 8).
Jesús comenzó su ministerio con la proclamación del evangelio (Marcos 1:14-15). Un llamado al arrepentimiento y a la reconciliación con Dios. Sin embargo, las multitudes parecen responder solo a Su poder sanador. Encones, ¿Cómo debemos responder cuando escuchamos el evangelio? ¿Buscamos a Jesús solo para nuestro beneficio, como hicieron las multitudes, o venimos en arrepentimiento reconociendo Su plena autoridad y obra terminada en la cruz?