Gracias, Leo

Gracias, Leo
instrumental

Una reflexión personal para Leo Messi al anuncio de su retiro de la selección argentina.

Habrá sido por el año 2005 o 2006 cuando te vi entrar a la cancha por primera vez. ¡Fue espectacular y memorable!

Después de haber visto a grandes jugadores en su mejor momento como Ronaldinho, Ronaldo (9), Zidane, Kaká y Claudio Pizarro, por nombrar algunos, quedé fascinado con la manera en que acariciabas la pelota y la llevabas rumbo al arco, pasando defensores fácilmente. Nadie te paraba. Poco a poco te convertiste en un verdadero crack del fútbol.

Tu dribling era algo que muchos no habíamos visto antes. Parecía que tenías la pelota pegada al pie. Con esa zurda espectacular pasabas entre jugadores y encontrabas espacios donde parecía que no los había. ¡Por algo te pusieron La Pulga!

Más adelante, hiciste del falso 9 una posición que parecía diseñada especialmente para ti.

Al lado de Xavi, Iniesta, Puyol, Neymar y tantos otros, dejaste una huella imborrable en el Barcelona. Pero más que eso, has dejado algo en el fútbol que será muy difícil que otro jugador pueda superar.

Muchos amantes del fútbol te vimos crecer. Te vimos ganar grandes títulos y, cuando te tocaba jugar por tu país, Argentina, muchos terminábamos volviéndonos argentinos por un rato solo para verte ganar, a pesar de todas las críticas.

Siempre parecía que lo ibas a lograr. Que algún día ibas a levantar la Copa del Mundo. Pero con cada Mundial que pasaba parecía más difícil, hasta que finalmente llegó tu momento.

Con la Scaloneta triunfaste y dejaste una huella en Argentina que difícilmente será borrada. Y para el aficionado argentino, imagino que todo lo que les has dado tiene un significado todavía mucho más profundo.

Leo, una de las cosas que más me ha gustado de ti fue escucharte decir en una entrevista:

“Tengo muy claro que nací así porque Dios me eligió a mí, fue un don el que me dio.”

Reconociste que ese talento era un don de Dios. Y a lo largo de tantos años también me ha llamado la atención la manera discreta en que has llevado tu vida fuera de la cancha. Al lado de la mujer de tu juventud, formando tu familia y dejando que, la mayoría de las veces, sea tu fútbol el que hable por ti.

Hace años, llevé a mis hijos al estadio para ir a verte jugar; pero por cosas que no coincidieron, te enfermaste y no jugaste.

Pero algo me dice, Leo, que antes de que llegue el día en que dejes la cancha por completo, voy a verte jugar en vivo y en directo.

Y si Dios me lo permite, quizás algún día tenga una camiseta firmada por ti.

¡Gracias, Leo, por tanta felicidad!

¡Dios te bendiga!

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