Esperanza en medio del sufrimiento
Si hay algo que distingue el caminar del cristiano, es la esperanza que tiene en Dios en medio del sufrimiento. En el capítulo ocho de la epístola a los Romanos, escrita por el apóstol Pablo, nos motiva a ver que el sufrimiento de hoy no se compara con la gloria de Dios venidera que ha de ser revelada. La cual es nuestra esperanza.
Romanos 8:18 dice: "Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada."
Noten que dice el sufrimiento de este tiempo. Es decir, el cristiano no está libre de sufrir. Mientras viva en un mundo caído, tiene que enfrentar las aflicciones, enfermedades, decepciones, persecución y finalmente la muerte causadas por el pecado. Sin embargo, Pablo nos motiva a mirar que el sufrimiento que el cristiano pueda tener hoy no se comparará con la gloria venidera de Dios.
En los versículos que siguen, Pablo personifica a la creación diciendo que aun ella misma anhela la revelación de los hijos de Dios porque fue sometida a “vanidad” y la esclavitud de corrupción. Pablo intensifica esta personificación diciendo que la creación "gime" y sufre "dolores de parto" esperando la revelación completa de Dios. Y no solo la creación anhela la liberación, sino que también nosotros anhelamos y gemimos la adopción completa de la redención de nuestro cuerpo a uno incorruptible, la cual tendremos en la resurrección.
Que aun en nuestra debilidad de sufrimiento, el Espíritu de Dios intercede por nosotros, orando conforme a la voluntad de Dios. Aun cuando nosotros no sabemos orar. Y es aquí donde Pablo nos dice una promesa consoladora.
Romanos 8:28: "Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito."
Esta promesa no es simplemente una promesa universal. Sino una promesa dada al creyente que ama a Dios. Es una promesa de aliento y de esperanza. Que Dios utiliza todas las circunstancias del creyente para nuestro bien. Dándonos consuelo en medio del sufrimiento.
Pero no se trata simplemente de un consuelo para ayudarnos a sobrellevar nuestras circunstancias. Pablo nos muestra en el versículo 29 cuál es el propósito de Dios: hacernos conformes a la imagen de Jesucristo.
Eso no significa que todo lo que nos sucede sea bueno, sino que Dios utiliza incluso aquello que nos causa dolor y sufrimiento para cumplir Su buen propósito en nosotros. Por ejemplo, José en el Antiguo Testamento, quien fue vendido por sus hermanos a Egipto y terminó siendo el instrumento que Dios utilizó para salvar a su familia.
Otro ejemplo es cuando el creyente pierde un empleo, atraviesa una enfermedad, pierde su hogar, experimenta el quebranto de una relación o enfrenta la muerte de un ser querido; no tiene que concluir que Dios ha perdido el control. Estas circunstancias pueden ser profundamente dolorosas y no son buenas en sí mismas. Sin embargo, ninguna de ellas está fuera del propósito soberano de Dios para aquellos que están en Cristo.
Nuestra esperanza no está en que Dios necesariamente restaurará el empleo, la salud, la casa o aquello que hemos perdido. Nuestra esperanza está en que Él está obrando aun en medio de esas circunstancias para conformarnos a la imagen de Su Hijo y llevarnos finalmente a la gloria venidera.

