Veinticinco años después del 11 de septiembre
Se me hace difícil creer que veinticinco años han pasado desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Siempre que llegan estas fechas, me recuerdo dónde estaba cuando ocurrió aquel acto de terror que cambió para siempre la ciudad de Nueva York.
En aquel tiempo me encontraba trabajando en una clínica localizada en la East 19th Street y 3rd Avenue, frente a lo que fue la antigua escuela de policías de la ciudad de Nueva York.
Inmediatamente después de enterarme de lo ocurrido, subí al piso 15 para ver desde la ventana lo que estaba pasando. Como muchos edificios que rodean la ciudad de Nueva York, uno podía ver las Torres Gemelas desde sus ventanas. Recuerdo que al subir me imaginaba que quizás un avión pequeño había aterrizado en el techo de las torres. Sin embargo, no estaba preparado para lo que iba a ver.
No había sido un avión pequeño; era un avión comercial 767. Yo conocía ese tipo de avión porque unos meses antes yo había viajado en un avión similar cuando fui de vacaciones a Sudamérica.
Cuando vi las torres desde la ventana, eran como las 9:00 o 9:20 de la mañana. Cuando bajé hacia mi área de trabajo, me enteré de que había más ataques en el Pentágono y otras áreas. Las noticias en la televisión tenían "America Under Attack" - "Estados Unidos bajo ataque" en la pantalla.
Todo fue sorprendente, pero todavía no entendía la magnitud de lo que ocurría.
Por el mucho trabajo, el hospital pidió a empleados que si podíamos quedarnos tiempo extra. Terminé quedándome tres días consecutivos ayudando a mis compañeros. Afuera del hospital habían construido un área de limpieza por la contaminación para remover el polvo de los afectados que entraban. Al frente, en el gimnasio de la escuela de policía, llegaban bolsas negras que después me enteraría que eran de las personas fallecidas.
Se sentía raro caminar por las calles de Nueva York. La ciudad estaba en silencio; muchas paredes tenían volantes que decían "missing person" - "personas desaparecidas". Ningún restaurante estaba abierto y lo único que se escuchaba eran sirenas y policías yendo rumbo a las torres; esto duró muchos días.
El día de esta tragedia, muchos se levantaron para ir a trabajar; quizás muchos tenían planes familiares como cumpleaños, aniversarios, celebraciones u otros planes. Muchas personas salieron de sus hogares aquella mañana pensando que sería un día más de trabajo, sin imaginar lo que ocurriría pocas horas después.
La Biblia nos recuerda en Santiago 4:14: "¿Qué es vuestra vida? Ciertamente, es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.”
Recordándonos lo frágil que es la vida y que no sabemos lo que ha de ocurrir mañana. El 11 de septiembre fue un ataque terrorista inesperado, pero algo inesperado también puede ser un diagnóstico que recibimos después de una visita rutinaria al médico, una llamada como la pérdida de un ser querido o un terremoto que cambie nuestra vida repentinamente.
Pero el cristiano tiene algo seguro: la esperanza en Cristo Jesús.
Nuestra seguridad no está en que mañana necesariamente llegará, sino en Aquel que venció la muerte. Por eso, recordar una tragedia como la del 11 de septiembre también debe llevarnos a considerar nuestra propia vida, nuestra relación con Dios y dónde hemos puesto nuestra esperanza.

