Porque soy miembro de una Iglesia
Recuerdo hace años, cuando me retiré del cargo de liderazgo y de la membresía de la iglesia, creer que un cristiano no necesitaba congregarse. Recuerdo que mi razonamiento en aquel tiempo era que no necesitaba ir a la iglesia para leer mi Biblia, que escuchar sermones por internet era suficiente para “cumplir” con las responsabilidades eclesiásticas. Y me convencía a mí mismo diciendo que yo era la iglesia y no necesitaba congregarme.
Al pasar los años, me di cuenta de que estaba en lo incorrecto. Que esta idea de no ser parte de una iglesia estaba basada en la mala experiencia que había tenido. Pero una mala experiencia no descarta el mandato bíblico del creyente de congregarse. Lo siguiente es una observación desde mi experiencia personal y lo que la Biblia nos enseña.
Ahora bien, veamos en las escrituras cómo los primeros creyentes, después de escuchar el sermón de Pedro en Hechos, capítulo 2, comenzaron a reunirse juntos.
Hechos 2:41-47 dice lo siguiente:
41 Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como 3,000 almas. 42 Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración. 43 Sobrevino temor a toda persona; y muchos prodigios y señales se hacían por los apóstoles. 44 Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; 45 vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno. 46 Día tras día continuaban unánimes en el templo y, partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47 Alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos.
En este texto vemos que los primeros creyentes perseveraban juntos para las enseñanzas de los apóstoles, la comunión, el compartir del pan y la oración. Que todos tenían las cosas en común y que aún compartían sus bienes con los que tenían necesidad.
Lo que me llama la atención es que, de este grupo de 3,000 almas, el Señor continuaba añadiendo el número de los congregantes. También vemos que esto está ocurriendo después del sermón de Pedro, mostrándonos que hay una progresión.
Escuchar el evangelio > creer > bautismo > inmediatamente juntarse con otros creyentes.
Pareciéndose a un patrón continuo, porque el Señor continúa añadiendo el número de creyentes.
De este texto bíblico podemos ver que el cristiano no fue llamado a ejercer su vida cristiana aislado del resto. Sino en conjunto con otros creyentes, perseverando en un mismo sentir y comunión con otros creyentes. Este llamado se ve también en Hebreos 10:24-25, donde dice lo siguiente:
24 Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca.
Noten que este texto nos da una exhortación a no dejarnos de congregar. Es importante examinar de cerca la palabra utilizada para congregación en el griego original, episynagōgē, que alude a juntarse en la asamblea con los fieles. Mientras que en Hechos 2:42 se utiliza la palabra griega koinonía, enfatizando la comunión entre creyentes.
Los dos versos que hemos visto se complementan y podemos concluir que el creyente está llamado a comunión con otros creyentes en la asamblea.
También quisiera enfatizar lo que el Señor Jesucristo nos dice en Juan 13:34-35. Durante su discurso del aposento alto, hablando con sus discípulos, les dijo lo siguiente:
34 Un mandamiento nuevo les doy: “Que se amen los unos a los otros”; que, como yo los he amado, así también se amen los unos a los otros. 35»En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros.
El Señor Jesucristo aquí nos dice que nos amemos los unos a los otros porque así conocerán que somos sus discípulos. Los unos a los otros presupone una relación íntima entre los discípulos. Dejándonos entender que hay una comunión mutua.
Después de examinar estos textos, no significa que debamos unirnos inmediatamente a cualquier iglesia que encontremos; para esto tenemos que ser sabios y escoger una congregación que llene lo que las escrituras dicen.
Como dije anteriormente, hay iglesias que son malas porque no tienen una sana doctrina bíblica y pueden hacer más daño que edificar al creyente. Por eso quería dejar algunos puntos que el creyente puede examinar al escoger una iglesia. Esto no es una lista completa, pero sí un comienzo para buscar una iglesia donde puedas plantarte como creyente:
La gobernación y autoridad sea la Biblia.
El centro sea el evangelio pedicado
Enseñanza bíblica (expositiva de preferencia)
Liderazgo bíblico calificado
Comunión entre creyentes
Ahora bien, también quisiera dejar algunos puntos de cómo identificar una iglesia que no es biblica:
Autoridad concentrada en un solo líder
Enseñanza motivadora que no confronta el pecado
Enseñanza moral y legalista
Liderazgo que no cumple las cualificaciones de 1 Timoteo 3
Prácticas congregacionales sin orden bíblico
Ninguna iglesia es perfecta; está compuesta por pecadores redimidos que todavía necesitan crecer en santidad, arrepentirse y aprender a perdonarse unos a otros.
Por eso, no debemos buscar una iglesia perfecta, sino una congregación que sea fiel a las Escrituras, donde podamos crecer, servir y tener comunión con otros creyentes. Dios nos ha llamado a amarnos y compartir. Si hoy no eres miembro de una iglesia o no encuentras una iglesia que sea fiel a las escrituras, oremos a Dios que envíe obreros a plantar iglesias bíblicas en tu región.

