¿Quién gobierna el matrimonio?
Efesios 5:21–31 (NBLA) — 21 Sométanse unos a otros en el temor de Cristo. 22 Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. 23 Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo. 24 Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. 25 Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio Él mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. 28 Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia; 30 porque somos miembros de Su cuerpo. 31 Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.
Este fin de semana que pasó estuve en una reunión de caballeros. La mayoría de ellos, casados. En la charla revisamos Efesios 5, un pasaje popular que instruye al hombre casado y a la mujer casada a amarse los unos a los otros.
Como cristianos casados estamos llamados a obedecer este mandato; sin embargo, me puse a pensar:
¿Qué sucede cuando solamente uno de los dos reconoce estos mandatos como autoridad?
Por esta razón decidí hacer este escrito. No como experto en matrimonios ni como consejero, sino de intentar presentar fielmente lo que las Escrituras enseñan al respecto. Empezaré con algunas observaciones de lo que la Palabra dice para casados creyentes y luego veremos lo que Pablo dice si solo uno reconoce este mandato.
En el versículo 21 del capítulo 5 de Efesios, Pablo hace una transición de la sección de los creyentes en la iglesia de Efesios al matrimonio, recordándoles que se sometan unos a otros en el temor de Cristo.
Al dirigir su atención al matrimonio del creyente, Pablo continúa teniendo en mente a dos personas creyentes dentro del matrimonio. Y vemos en los versículos siguientes cómo todo dentro del matrimonio dirige a Cristo:
21: ... Temor a cristo
22: ... Como al señor
23: ... Cristo es cabeza de la Iglesia.
24: ... La iglesia sujeta a Cristo.
25: ... Cómo Cristo amó a la Iglesia
29: ... Como Cristo a la iglesia
Pablo continuamente hace la comparación del pacto matrimonial con la relación de Cristo con la Iglesia. El esposo mira a Cristo como modelo sacrificial y la esposa mira a la iglesia en su relación de sujeción a Cristo. Si se dan cuenta, ambos están siendo gobernados y tienen por señor a Cristo. Por eso Pablo añade a esta sección en el versículo 31 que ambos serán uno.
Que sean uno pareciera implicar más que algo físico; por ejemplo, un solo sentir, una misma dirección y un mismo pacto. Leyendo de cerca estos versículos, Pablo pareciera tener en mente también una misma autoridad bajo Cristo.
¿Qué sucede con esa sola carne y esa misma unidad cuando uno de los dos no reconoce esa misma autoridad?
Para responder esta pregunta, veremos el consejo que Pablo da sobre la relación que tiene el creyente con los que no creen.
2 Corintios 6:14 (NBLA) — 14 No estén unidos en yugo desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas?
Pablo nos dice que no estemos unidos en yugo desigual con los incrédulos. Aunque este pasaje no es directamente sobre el matrimonio, sí nos advierte a examinar qué comunión tienen los de la luz (los que están en Cristo) con las tinieblas (los que no están en Cristo).
Siguiendo esta idea, sería sabio para el cristiano soltero o soltera unirse a alguien que esta en la luz (en cristo).
¿qué pasa cuando Cristo te salva y ya estás casado o casada y solamente uno de los dos es creyente?
Para esto Pablo nos dice lo siguiente en 1 Corintios 7:12–13 (NBLA):
12 Pero a los demás digo yo, no el Señor, que si un hermano tiene una mujer que no es creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. 13 Y la mujer cuyo marido no es creyente, y él consiente en vivir con ella, no abandone a su marido.
Cuando Cristo nos salva dentro del matrimonio, podrías pensar: "Ahora tienes que abandonar tu matrimonio porque tu pareja no cree lo mismo, porque no tiene la autoridad a la que ahora estás sometido". Sin embargo, las Escrituras nos dicen lo contrario, nos dicen no al abandono.
Examinando las escrituras, podemos ver qué cristo gobierna un matrimonio bíblico y que un corazón reconciliado a Dios por la obra completada en Cristo Jesús puede someterse a ese gobierno. Pero aquí sería bueno también explicar que el matrimonio es lo que Dios diseñó entre un hombre y una mujer desde Génesis, capítulo 2. Sin embargo, este diseño perfecto ha quedado distorsionado por el pecado. Por eso Pablo enseña cómo permanecer fiel cuando el matrimonio ya existe, pero uno de los dos no reconoce a Cristo como Señor.
El creyente está llamado a ser fiel al pacto matrimonial y a vivir conforme a lo que enseñan las Escrituras, aun cuando su cónyuge no reconozca esa misma autoridad. Si el fundamento de un matrimonio bíblico es un corazón sometido a cristo, entonces el cambio más profundo que necesita el matrimonio no comienza solamente en el cambio de conducta, sino en la transformación del corazón que solo Dios puede hacer.
Esto no significa ignorar situaciones de abuso, violencia, abandono u otras circunstancias graves que requieren una consideración bíblica profunda y pastoral más amplia.
El pecado ha distorsionado el diseño perfecto de Dios para el matrimonio. Por eso, para que un matrimonio refleje cada vez más ese diseño bíblico, necesitamos venir a Cristo y que Dios transforme nuestro corazón.

