No todos somos hijos de Dios
Muchos tienen esta idea de que todos somos hijos de Dios. Piensan que Dios siempre está a favor de ellos y reciben sus bendiciones de Dios y piensan que las promesas de Dios son para ellos. Incluso he escuchado a algunos decir que las personas que los han tratado mal a ellos son "los hijos del enemigo¨.
Creo que quienes piensan de esta manera tienen un concepto de Dios que está basado en el estándar moral de esa persona.
Es esta idea de que todos somos buenos conforme a nuestra propia definición de lo que es bueno y de lo que es malo. Algunos utilizan estas frases como "no le hago mal a nadie". Utilizan estándares que están basados en su propio razonamiento, inteligencia, entendimiento, cultura, y sentido de moralidad.
Sin embargo, la Biblia nos muestra que Dios ha revelado su estándar. Lo hizo dándonos los Diez Mandamientos con Moisés, y después Jesús no solo los afirma, sino que también nos muestra que el estándar de Dios va más allá de lo externo y alcanza nuestros pensamientos, deseos e intenciones que residen en nuestro corazón.
Por ejemplo, en Mateo 5:27-28 Jesús dice lo siguiente sobre el adulterio, uno de los mandamientos.
Ustedes han oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. 28 »Pero Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Noten que Jesús dice que el que mira a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio. Jesús nos advierte no solo del acto del adulterio, sino que nos muestra que hay algo más profundo que solo actuar. Pareciera que hay una correlación entre mirar, pensar, y lo que sale del corazón.
Mire lo que dice en Marcos.
Marcos 7:20–23 (NBLA) — 20 También decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. 21 »Porque de adentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, 22 avaricias, maldades, engaños, sensualidad, envidia, calumnia, orgullo e insensatez. 23 »Todas estas maldades de adentro salen, y contaminan al hombre».
Las acciones que hacemos salen del corazón. El problema del ser humano es el corazón corrompido por el pecado. La Biblia dice en Efesios 2:3 lo siguiente:
3 …. Éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.
Hijos de ira por naturaleza. O sea, no somos nacidos hijos de Dios, porque hay una separación entre el pecado y Dios. Por eso las Escrituras dicen en
Romanos 3:23 (NBLA) — 23 por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.
Y
Salmo 14:3 (NBLA) — 3 Pero todos se han desviado, a una se han corrompido; No hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno.
Al momento en que Adán y Eva pecaron, la humanidad entera entró en oscuridad, pecado y a juicio de un Dios perfecto. Una manera que podemos probar esto es que todos nosotros nacimos con la inclinación de hacer lo malo y rebeldes a Dios. O sea, somos por naturaleza hijos de ira, no hijos de Dios.
Aquí quisiera precisar que, aunque somos hijos de ira por naturaleza, seguimos siendo creación de Dios.
Al momento en que caímos en el pecado, Dios habría sido justo al darnos el juicio que merecía nuestro pecado y derramar su ira sobre nosotros. Pero Dios, en su misericordia, nos rescató de la oscuridad donde nos encontrábamos dándonos a Jesucristo, quien es la expiación perfecta por nuestros pecados, reconciliándonos con Él para poder ser hijos de Dios.
Por eso el evangelio de Juan 1:12 (NBLA) nos dice
12 Pero a todos los que lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre
Y esto es la buena noticia del evangelio. Que Dios envió a su hijo, quien murió y resucitó al tercer día para no solo hacernos hijos de Dios, sino también rescatándonos del juicio que nuestro pecado merece. Por eso Juan 3:36 nos dice:
36 »El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él»
Noten que este versículo nos dice que al que no obedece al Hijo, que es Jesús, la ira de Dios permanece en él.
Por eso, no todos somos hijos de Dios simplemente por considerarnos buenas personas.
Todos somos creación de Dios, pero las Escrituras enseñan que llegamos a ser hijos de Dios por medio del evangelio y de la obra completa de Jesucristo.
La pregunta entonces no es solamente si creemos en Dios, sino si hemos puesto nuestra completa confianza en Cristo, reconociéndolo como Señor de nuestra vida, quien murió y resucitó para reconciliarnos con Dios, darnos vida eterna y hacernos hijos de Él.
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